Pergamino, autopista como punto de encuentro: no molestan ni son molestados, pero no hay control

Sucede desde hace varias semanas. Ellos no molestan a nadie, y nadie los molesta a ellos; pero no hay ningún tipo de control. Allí todo transcurre en un clima de aceptable armonía, sin vecinos molestos por los ruidos, y con espacio suficientes para todos. Allí todo está bien, hasta que suceda algo. Porque tanta juventud, tan lejos, sin luz, con alcohol y sin la mirada de quien debe llamar al orden, es un coctel propio de una bomba de tiempo.

Se trata de los encuentros nocturnos de jóvenes en un punto de la obra de la autopista. No se podría decir que son fiestas clandestinas, ni eventos organizados; en realidad es un lugar de concentración que los jóvenes hicieron propio en este tiempo de restricciones para muchas actividades, entre ellas –naturalmente- la de las movidas nocturnas, allí donde entre la adolescencia y la primera etapa de la adultez se hace necesario el encuentro con los pares para exteriorizar ese impulso propio de la edad.

A alguien se le ocurrió y muchos fueron hacia allá. Es la traza del medio anillo de circunvalación entre las rutas Nº 188 y Nº 32, que aún no está habilitada al tránsito, pero a la que se puede acceder por al menos tres lugares, según relataron jóvenes que suelen ser parte de esos encuentros: por la ruta Nº 188, por calle Miguel Cané o por la ruta Nº 32.

Y ellos se juntan

Estas movidas, como se dijo, no se organizan con algún cronograma puntual ni requiere invitación alguna. Así como los jóvenes suelen adueñarse de espacios públicos para sus encuentros masivos, como lo son las noches en la Plaza Merced, o antes fue la Plaza 25 o las estaciones de servicio de Avenida y Merced, y mucho más atrás en el tiempo en Mitre y Peatonal, en este caso es algo más sofisticado porque se requiere de algún medio mecánico para llegar. Una vez allí, los altavoces de los autos, algunas luces psicodélicas y las heladeritas portátiles con todo tipo de bebidas son los elementos indispensables para disfrutar la velada.

Según narraron jóvenes que asisten, no menos de 50 autos suelen juntarse, con tres, cuatro o más ocupantes cada uno, y han sido hasta 100 vehículos. Además hay quienes concurren en moto y hasta en bicicletas para adosarse a algún grupo. Aseguran que no es un evento organizado, si no que cada grupo “hace la suya”. Lo interesante es que todos se juntan en un mismo lugar.

Bebidas y desechos

A nadie puede escaparle que los jóvenes, en su mayoría, son consumidores de bebidas alcohólicas y que ese consumo es parte central de las juntadas. La prueba irrefutable de ello es en cada amanecer luego de una noche de encuentro cuando se advierten los desechos de todo lo que se consumió. Se pueden contar por decenas las botellas esparcidas a lo largo de la traza: abundan las de vino, Fernet, vodka, cervezas y gaseosas.

Atletas y ciclistas que hacen sus actividades por ese sector son testigos del tendal de desperdicios que quedan en el lugar. Los operarios y supervisores de la obra de la autopista también.

Como es claro que eso sucede, se han tomado algunas medidas. En realidad aún no es un lugar público porque la obra está en marcha y por ello la empresa que tiene a cargo los trabajos ha colocado un vallado en cada uno de los accesos a la traza, además de la cartelería de que no puede pasar ninguna persona ajena a la obra, pero ese no es un impedimento para los jóvenes que siempre, de un modo u otro, se las ingenian para acceder. En las últimas horas se agudizaron las medidas con la unión de vallas y tambores mediante precintos.

Coyuntural pero requiere atención

Si bien no se han reportados incidentes de ningún tipo en el marco de estas juntadas, no deja de ser una situación peligrosa desde varias aristas. En principio porque no hay ninguna fuerza de seguridad para contener algún eventual incidente que pudiera producirse, pues habiendo jóvenes y alcohol todo pende de un hilo. También se hace peligroso por la total oscuridad en la zona, ya que solo las luces de algunos autos y las linternas de los celulares iluminan mínimamente alrededor de cada grupo. En ese marco nunca faltan quienes, en auto o moto, aprovechan el impecable asfalto de la autopista para acelerar. Otro factor es la llegada y retirada del lugar, desde donde se ha visto gente a pie.

Hay que convenir que esta situación es totalmente coyuntural. Primero porque la pandemia en algún momento va a terminar y los jóvenes volverán a tener sus puntos de encuentro habituales, y segundo porque la obra de la autopista en algunos meses deberá estar habilitada y desde entonces será imposible juntarse allí.

Cuando ello suceda tal vez los jóvenes busquen otro lugar para hacer lo mismo porque por obra de la necesidad apareció el ingenio para organizar otro tipo de encuentros nocturnos. O quizás esta modalidad sea golondrina de un solo verano. Lo cierto es que existe y que se cumple el doble propósito de no molestar ni que los molesten. Pero no estaría nada mal una atenta supervisión de alguna fuerza de seguridad, por si de repente algo fuera de lo normal llegara a suceder.

Fuente: La Opinión de Pergamino

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