Fiestas en la playa, sin freno: la Policía las dispersa, pero en minutos se vuelven a armar

Dos policías montados a caballo vigilan sobre la arena, a metros de reposeras y gente que pasea en bikini por una de las playas más populares de Pinamar. Entre el balneario Boutique y la entrada pública, cerca de las 16 de este domingo se arma una fiesta. Hay unos 400 jóvenes. Un grupo de al menos ocho policías de la Bonaerense se acerca y le pide a los grupos de amigos que abran las heladeritas. Algunos se van, pero a otros les toca vaciar botellas de fernet y cerveza en la arena.

“Son ortivas, no hay necesidad”, opina María (17). Pasan unos minutos y la fiesta se vuelve a armar alrededor de un parlante. Cada uno lleva su bebida. Todos bailan como si estuvieran en el boliche. No falta el meneo, la coreo de los mejores temas con las manos arriba y, claro, el levante.

Por supuesto, la vida de sombrilla se cuela en la escena. Un vendedor de chipá charla con un grupo de chicas en malla con su canasta en la cabeza y el churrero intenta -sin éxito- imponer su voz entre los chicos. No vende nada.

Policías a caballo controla las playas en Pinamar. 
Foto: Fernando De la Orden

Policías a caballo controla las playas en Pinamar. Foto: Fernando De la Orden

Antonio (52) había acampado con su familia entre ojotas y reposeras. “Es imposible controlar”, le dice a Clarín, mientras hace gesto de que mucho no le importaba.

“Recién la policía revisaba conservadoras, pero es medio al pedo el control, porque enseguida se volvió a armar la fiesta, debería haber alguien controlando el distanciamiento social todo el tiempo, vienen un ratito y se van”, agrega.

Victoria está sentada en ronda con sus amigas. Tienen 19 años, son de Rosario -como la mayoría de los chicos y chicas que estaban este domingo- y ya es el tercer día que van a la playa. El sábado, la Policía Bonaerense los obligó a dispersarse con cuatriciclos, como muestra el video que se viralizó. “Fue un poco violento, porque estábamos parados y nos daban vueltas alrededor, para separar a los grupos. Yo me asusté”, relata.

Cientos de jóvenes se juntaron a bailar este domingo en Pinamar. Foto: Fernando De la Orden

Cientos de jóvenes se juntaron a bailar este domingo en Pinamar. Foto: Fernando De la Orden

El día anterior, el viernes, la Bonaerense, que tiene 900 efectivos en el marco del operativo Sol en Pinamar, había dispersado otra fiesta en el lugar. Se acercaron tres veces a los adolescentes: las primeras con advertencias. A la tercera, les secuestraron el parlante.

Alguien salta con un vaso en la mano y el agua moja a los que saltan al ritmo de la música. El Covid no les “preocupa”, dicen, porque la gran mayoría vino con amigos jóvenes. “Tengo más chances de que caiga un avión del techo a morirme de coronavirus”, define un chico de 19 años.

Otra chica de 17 años argumenta que es la modalidad «menos mala» para hacer una fiesta. “Es peor que nos juntemos en una casa y a las dos horas caiga la policía . Ahí nos contagiamos todos seguro, en cambio acá circula más el aire”, analiza y señala alrededor: “Aparte, ¿vos ves a alguien con barbijo en la playa?”.

Las reglas que nadie dictó pero casi todos siguen son claras. El tapabocas se usa para circular por los paradores y restaurantes. En la calle, es casi «a elección» y se ven muchos con la nariz descubierta. Y al pisar la arena, ya todos se lo sacan, salvo alguno que otro.

Marcos hizo una fiesta el sábado en la noche, en la casa en Pinamar Norte que alquilaron con nueve amigos. “Me comí una multa que va a ir entre los 200 mil y los 500 mil pesos por lo que estuve averiguando, aunque todavía no nos avisaron”, cuenta a este diario y, enseguida, aclara que habían invitado a 50 personas hasta que “de la nada” tenían 400 personas y seguía cayendo gente. “Vino la policia muy agresiva. Me amenazaron con que sí o sí tenía que firmar un acta”, señala.

Otra vez fiestas en la playa de Pinamar, con cientos de jóvenes. Foto: Fernando De la Orden

Otra vez fiestas en la playa de Pinamar, con cientos de jóvenes. Foto: Fernando De la Orden

A diferencia del resto, Lucas (18) reconoce que la fiesta puede tener consecuencias. “Somos re imputables, somos conscientes de que está mal, pero la verdad es que fue un año muy duro y queremos estar de joda”.

Uno de sus amigos se despide: “Chau y perdón por la cuarentena que se viene”.

Fuente: Clarín

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