En el manejo del Covid-19 los Sarmientenses acertamos en salud, libertad y economía

Todas las opiniones son respetables.


Sobre todo las opiniones de gente que sabe de lo que se habla.


Pero más allá de eso, hay pruebas que son irrefutables.

En Sarmiento nos fue mucho mejor que a casi todos con quienes comparamos de la Argentina y sin dudas fue un bergel en el manejo equilibrado de la salud, las emociones y la economía hasta ahora.


Sobre todo cuando se analizan los números, ahi ya no hay dudas que despejar.


Al llegar el covid-19 a nuestro país comenzamos a opinar de algo que ni los más jerarquizados especialistas conocían.

En realidad nadie sabía de que se trataba.


Pero igual hablamos, comentamos, aconsejamos…


En Capitán Sarmiento, también.


«Hay que cerrar las entradas a la ciudad como pasa en otros lados».


«Hay que sanitizar los vehículos que llegan».


«Los controles no son los suficientes».

«Hay que armar un hospital de campaña», entre otros tantos.

Sin embargo desde el gobierno local se tomaron decisiones antes que en otros lados.


Iguacel y el comité de crisis diseñaron un sistema de testeos, seguimientos y aislamiento domiciliario, dividieron el funcionamiento del hospital, se incrementó el personal de salud, se equipó el nosocomio con la ayuda de la cooperadora y muchos donantes y diseñaron protocolos de atención.

Además desde en un primer momento se permitió la salida al trabajo de quienes lo hacían por su cuenta: parqueros, plomeros, electricistas, albañiles.


Tenían un horario de tarde y eran controlados.


Era sin dudas una solución para quienes recibían colaboración de mercaderías desde el gobierno local, pero no había dinero para abonar las cuentas que llegaban.


Un alivio que luego continuó en otros rubros que tenían la misma necesidad.


Siempre con turnos que se otorgaban por teléfono para evitar el aglomeramiento de vecinos.


Se informó la obligatoriedad del uso del barbijo en espacios cerrados como comercios, aunque no en la ciudad.


Algunas casas comerciales trabajaban en forma virtual, otras con delivery, pero todos tenían la posibilidad de llevar dinero a su casa, siempre en forma controlada.


O casi todos, porque todavía no había llegado el momento de clubes, pubs o restaurants.


La apertura continuó con la posibilidad de salir a caminar, trotar o andar en bicicletas en lugares establecidos como el camino al cementerio o el circunvalación.


Llovieron las críticas al gobierno local.


«Son actividades innecesarias», «Yo me cuido y ellos no», «Es una locura», se escuchaba y leía en las redes.


Pero vayamos a los números.


El máximo de casos positivos confirmados en seguimiento fue el 18 de octubre con 112.


Para comparar: el día 28 de agosto, con 792 hisopados, teníamos 26 casos activos.


Hoy, por ejemplo tenemos 28 con 1607 hisopados.


Más del doble de vecinos hisopados y solo 2 casos más confirmados activos.


La mala noticia, claro, son los 11 vecinos fallecidos, aunque es bastante menor proporcionalmente a la Capital Federal, ciudad que todos miran por su infraestructura sanitaria.


La mayoría de los casos contagiados se recuperaron con pocos o nulos síntomas: dolor de cabeza, cansancio, falta de olfato y gusto, por ejemplo.


¿Esto significa que ganamos la batalla?


Claro que no, el cuidado debe ser el del día 1, el que todos conocemos.


La pandemia es mundial y no hay un solo pueblo en donde el virus no haya ingresado.


Con ingresos cortados, con arcos sanitizantes o con «mil» inspectores en las calles, el virus ingresó igual y llegó para quedarse.


Al menos algunos meses más.


En una localidad pequeña como la nuestra, cada vecino fallecido dolió y seguirá doliendo, claro.


Se sabía que íbamos a tener contagiados y fallecidos, como en todo el mundo.


No íbamos a ser la excepción.


Hoy los casos han bajado considerablemente en Capitán Sarmiento, y todos trabajan, todos tienen su dinero para vivir.


Hay que acostumbrarse a vivir con el coronavirus, aunque al comienzo de este año nunca nos imaginábamos hacerlo de esta manera.


Pero así están dadas las cosas, y hay que afrontarlo.


A cuidarnos, a cuidar a nuestros mayores, amigos y vecinos.


Otra no nos queda. (CSHoy24)

Foto: Revista Noticias

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