El valor como efecto multiplicador, por el Lic. en economía Adolfo Bosch

Hace unas semanas se destapo la olla del “vacunagate”, dicho comportamiento trajo a colación los valores humanos y sociales. El egoísmo de unos pocos, la viveza criolla de quienes encontraron una veta en el estado por medio de amiguismos y acomodos, dejó entrever las miserias de algunos actuando de manera individualista, sin considerar al otro y al más necesitado. Este tema trae de fondo los valores humanos y la importancia de los mismos en estos tiempos mezquinos y de pandemia. De mas esta decir que los valores son atributos universales que pertenecen a nuestra esencia y que, en algún punto, nos humanizan mejorando nuestro comportamiento y perfeccionando nuestra sociedad.

El entorno familiar, la relación con nuestros padres, hermanos, familiares, amistades y maestros, por nombrar algunos, son de vital importancia en la generación y transmisión de los valores. Cuando hablamos de valores encontramos en su definición dimensiones y sentidos diferentes; los mismos han sido estudiados desde distintos enfoques y teorías.

En un sentido humanista, se concibe por valor lo que hace que una persona sea tal cual es, dado que sin ello perdería la humanidad o parte de ella. El valor alude a una perfección o excelencia del ser humano, como ejemplo de esto es considerado como valor “decir la verdad”, ser honesto, sincero y trabajador. Al practicar estos valores la persona va desarrollando su humanidad. Si tomamos en cuenta el punto de vista socioeducativo, encontramos a los valores como referentes que rigen y ordenan el comportamiento humano hacia una mejora social y a la realización de la persona, dando orientaciones de conductas para los individuos y las sociedades.

También encontramos la visión subjetiva, donde se expone que los valores no son reales, es decir que no valen por sí mismos, dado que son las personas quienes les otorgan un determinado “valor”; desde esta mirada los valores dependen de la percepción de cada ser humano. Una mirada idealista hace referencia a los valores como un conjunto de ideales a alcanzar, que se encuentran independientemente de las cosas y de las estimaciones de las personas.

Desde una visión realista encontramos a los valores y bienes como una misma cosa. En este sentido el valor puede ser considerado, en otra de las definiciones de la palabra, como el precio que se le pone a algo, a los bienes, por ejemplo, pero cuando hablamos del valor que se le pone a las personas deja de tener un precio y pasa a ser un valor incalculable por su cuantía.

La clasificación lleva a encontrar que los valores no están categorizados de una única manera, los escalafones valorativos son cambiantes, pero al toparnos con los valores humanos que reglamentan las acciones de las personas, superando cualquier barrera cultural y logrando el bienestar de la sociedad, encontramos a la sinceridad, honestidad, responsabilidad, bondad, empatía, gratitud, humildad, perdón, amor, solidaridad, entre otros, como soportes fundamentales de nuestra armonía social.

¿Cómo se juzga la pérdida de valores? Es tan corrupto el que habilita un vacunatorio VIP como aquel que accede a él por privilegio. No se puede legislar en relación a los valores. En última instancia lo que define el actuar corrupto o no son los valores.

En economía existen distintos tipos de multiplicadores como por ejemplo el multiplicador del gasto, de la inversión, del consumo, etc., los cuales demuestran como el incremento de una variable exógena (determinada fuera del modelo económico) influye en otra variable endógena (determinada dentro del modelo económico) generando un incremento mayor en esta última.

Un ejemplo claro de esto podría ser la apertura de una empresa en alguna localidad de nuestro país y como la misma dinamiza la población generando trabajo y mayor calidad de vida. Haciendo un paralelismo con los valores, si los mismos fueran respetados y puestos en práctica generarían una amplificación y propagación a las generaciones venideras en pos de una sociedad más humana.

Como dice Christian Felber en su libro “La economía del bien común” (2016), “Si perseguimos nuestro propio beneficio como fin supremo, entonces se convierte en práctica común utilizar a los demás como medios para nuestros fines”

Contacto: adolfobosch@yahoo.com.ar

Adolfo Bosch es licenciado en Economía por la Universidad del Salvador. Se desempeña como colaborador del Informe Económico Mensual de dicha Universidad. En la actualidad, es maestrando en Políticas Públicas en la Universidad Torcuato Di Tella.

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