El Gobierno vende humo

En dos meses se anunció la adquisición de dos vacunas distintas para el coronavirus. La última a Rusia. En ambos casos quedaron infinidad de dudas. El Presidente ayuda a la confusión.

Alberto Fernández ha debido hacer un movimiento táctico en la gestión de su gobierno. En este caso es acompañado por Cristina Fernández. Toda una novedad. Decidió reparar de nuevo en la pandemia como un centro de gravedad pública. Retornó a la foto con Horario Rodríguez Larreta, el jefe de la Ciudad, y Axel Kicillof, antes de comunicar un relajamiento de la cuarentena en el AMBA. No busca recuperar una popularidad que tuvo en los inicios del confinamiento y ya se le escapó. Sólo recrear expectativas en la sociedad que ni la economía ni la política resultan capaces de estimular.

La estrategia sanitaria en la Argentina tuvo pobres resultados. Podría computarse como saldo favorable que el sistema evitó el colapso. Pero la segunda oleada que se está produciendo en Europa anticipa una amenaza cuando aquí pase el verano. Será simultáneamente el comienzo de un tiempo electoral clave.

La apuesta del Presidente se focaliza ahora en la promesa de otro milagro. La supuesta aparición de una vacuna salvadora que, por segunda vez en apenas dos meses, fue anunciada de modo rimbombante. La solución llegaría desde Rusia.

La primera comunicación sucedió en la segunda mitad de agosto. Mencionó el acuerdo entre un laboratorio británico-sueco (AstraZeneca) con otro argentino y mexicano para la fabricación de una vacuna contra el Covid. El financiamiento correría por cuenta del magnate azteca Carlos Slim. Se anticipó la compra de 11 millones de dosis que, según el ministro de Salud, Ginés González García, serían aplicadas de manera gratuita. Con un costo para el Estado estimado entre 3 y 4 dólares por aplicación. La chance de otras certezas quedó diluida en una nube de humo. Parece ocurrir lo mismo ahora con el ensayo de Rusia.

Cuando Alberto anunció en rueda de prensa la fabricación de la vacuna de Oxford, la Argentina empezaba a entrar en un cono de sombra y abandonaba su triunfalismo inicial. En junio se habían registrado las primeras mil víctimas. En el momento de aquella novedad superaba las ocho mil. Con una trepada también impactante de los contagios.

Aquel episodio tuvo una particularidad. Contó con el auspicio de Alberto en sociedad con el mandatario mexicano Manuel López Obrador, socio en el Grupo de Puebla. La logística local prometió ser aportada por el empresario Hugo Sigman, viejo conocido del ministro de Salud. La vicepresidenta fue una desconfiada espectadora de todo eso.

Un médico de un hospital ruso recibe la vacuna "Sputnik-V", durante la experimentación de la fase 3. Foto: Reuters

Un médico de un hospital ruso recibe la vacuna «Sputnik-V», durante la experimentación de la fase 3. Foto: Reuters

Los papeles se han invertido. Cristina, junto a Axel Kicillof, tomó la iniciativa en la negociación con Moscú. Alberto y Ginés se sumaron una vez que las puertas del Kremlin fueron abiertas. El proceso estuvo cargado de rarezas y opacidades. Se envió una misión secreta que encabezó la viceministra de Salud, Carla Vizzotti. Fue acompañada por la asesora presidencial Cecilia Nicolini y la bonaerense Raquel Méndez, esposa del ministro de Salud de Buenos Aires Daniel Gollán. La opinión pública se enteró de las gestiones por una divulgación periodística.

Alberto hizo después el anuncio en declaraciones a una agencia de noticias soviética. Nada de rueda de prensa. Habló de la compra de 25 millones de dosis. La mitad podría estar aquí en diciembre para iniciar la vacunación. Moscú tiene previsto empezar a vacunar a fines de enero. Raro. Nadie explicó si el sistema sanitario local estaría en condiciones de acopiarlas bajo las condiciones de excepción que demanda.

Según la asesora Nicolini sería a un costo de 20 dólares por vacuna. No quedó claro si por cada aplicación. La vacuna rusa exige dos aplicaciones en un plazo de 28 días. Podrían ser, entonces, 40 dólares. Lejos de los 3 o 4 calculados por la de Oxford. En cualquier caso el Estado se haría cargo. Vizzotti sostuvo que la aplicación sería obligatoria. Se desdijo. Gollán habló de decisión voluntaria.

Otro detalle. Cambiemos advirtió que, según la ley sancionada la semana pasada en el Congreso, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) tendría sólo un plazo de 30 días para verificar la seguridad de la vacuna rusa. ¿Cuál sería el problema? El ex ministro de Salud, Adolfo Rubinstein lo explicó: “Cualquier medicamento que llega de la Unión Europea o Estados Unidos está precalificado por aquel organismo. Pero ni Rusia ni China están precalificados. Los 30 días parecen un tiempo exiguo”.

El emprendimiento tendría otros puntos extraños. El laboratorio que actuó como intermediario con Rusia es HLB Pharma, con sede en San Isidro. Entre sus accionistas figuran ex directivos del laboratorio Apolo, de Rosario, donde en 2016 se produjo una explosión que dejó varios heridos. Tres de aquellos fueron imputados, pero el juicio quedó en suspenso. Alberto habría pedido a Vladimir Putin, para evitar el escándalo, que la negociación por la vacuna se haga sólo entre los Estados.

Tampoco en este caso, como ocurrió en agosto, puede omitirse el contexto. De aquellos 8 mil muertos se pasó a más de 33 mil. Transcurrieron menos de dos meses y medio. La Argentina está entre los 10 países con la tasa de mortalidad por millón de habitantes más elevada del mundo. Camina hacia el millón 300 mil personas alcanzadas por el virus. La descripción de aquellos capítulos trasuntaría improvisación y falta de transparencia de parte del Gobierno. Quizás Alberto pretendió enmascararlas intentando atizar una controversia imposible de ser instalada en la escena pública. Denunció que se intenta ideologizar la compra de la vacuna a Rusia. Como si el mundo permaneciera en la época de la Guerra Fría. Fantasías. Ningún dirigente opositor refirió a ese supuesto prejuicio. Menos los infectólogos que claman por abstraer a cualquier vacuna (rusa, de Oxford o estadounidense) de la tentación geopolítica.

Los interrogantes afloran por otro lado. Putin comunicó el 11 de agosto, de modo sorpresivo, que Rusia tenía aprobada la vacuna contra el Covid. El proyecto fue financiado por el Fondo de Inversión Directa de Rusia (RDIF) y experimentado en el prestigioso Centro Gamaleya. Bastante tiempo después se difundieron algunos detalles de la fase 1 y 2 que publicó la revista médica internacional The Lancet. Se informó que las pruebas tuvieron una fuerte respuesta inmune en 76 voluntarios. Casi nada se conoce sobre la fase 3 que, según los expertos, es crucial para verificar la seguridad y eficacia de esa medicina.

Ninguna de las demás vacunas en curso tiene concluida esa etapa. Pero se conocen muchos pormenores. Ese es el corazón del asunto, no la ideología. Los desacoples del Gobierno, en la gestión y la comunicación de las decisiones para enfrentar la pandemia que azota, parecen las verdaderas usinas de las dudas que se siembran. Por ejemplo, ¿por qué se avanzó con el acuerdo con AstraZeneca si para ese momento Rusia ya había anunciado la existencia de su vacuna? ¿El viraje de la última semana respondió a alguna desinteligencia jurídica con el laboratorio mAbxience, del empresario Sigman? ¿O influyeron también ciertas intrigas dentro del Gobierno? La vicepresidenta nunca oculta su tirria contra Sigman y Ginés. Ambos ligados a un gobernador peronista que siempre se arrima al Presidente. El tucumano Juan Manzur, ex ministro de Salud de Cristina hasta el 2015.

Las desavenencias significan un arma de doble filo para el Gobierno. Fogonea la expectativa popular con anuncios de vacunas salvadoras. Pero va instalando un clima de recelo en la sociedad que, llegado el momento, podría atentar contra la eficacia de cualquier programa de vacunación para combatir el coronavirus. Un reciente sondeo on line de la consultora OPINAIA lo refleja. Casi un 40% de los consultados sostiene que no se aplicaría ninguna vacuna. Mirando desde otro ángulo, la Universidad de Belgrano concluyó en un trabajo que sólo el 38% aceptaría vacunarse.

La escasez de confianza, en realidad, es un escollo que el Gobierno enfrenta en casi todos los rubros. Con seguridad responde a las posturas encontradas que surcan el Frente de Todos. Por caso, las discusiones todavía subterráneas sobre medidas por venir. ¿Sería razonable en la temporada de verano abrir las fronteras con Brasil (que tuvo una pandemia feroz) y con Uruguay (uno de los países que mejor la controló)? Es cierto que la Argentina requiere el ingreso de dólares. ¿Pero no se trataría de una audacia peligrosa? Las preguntas asoman inagotables: ¿reforzará la Argentina los controles sanitarios en esas fronteras? ¿Cómo lo hará? 

Uruguay anunció que, por ahora, no abre sus fronteras para la temporada estival. Representará una pérdida de US$ 600 millones para sus arcas. Muchísimo. El presidente Luis Lacalle Pou pergeña una campaña para disuadir a sus ciudadanos que viajen a la Argentina, donde la devaluación del peso facilita las compras. También el mandatario intenta despejar cualquier desconfianza. Su gobierno no bascula entre una vacuna u otra. Inició los trámites para la compra de 1,5 millón de dosis por anticipado en la Organización Mundial de la Salud (OMS). Evita la negociación con cada laboratorio. Tendrá preferencia en la elección de la vacuna mejor validada.

Alberto agrega confusión. Dijo poseer las dosis de la vacuna rusa. No se las aplica para no ser un privilegiado. Debería repensarlo porque se trata de la persona más importante del país. Salvo que esa explicación sea una excusa para no asumir riesgos.

En otros campos también la embarra. Hace poco, por la intrusión de un campo de la familia Etchevehere en Entre Ríos, aseguró que los problemas de herencias “son cosas de ricos”. La semana pasada repitió la misma música aplicada a la inseguridad. Proclamó que los ricos no la sufren porque viven en casas importantes, con cámaras, en countries y barrios privados, andan con custodia y en coches blindados. Muchos pensaron, maliciosamente, que se refería a Cristina.

Por Eduardo Van Der Kooy

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