Dólar: para enfriar el «contado con liqui» el Gobierno aceptará endeudarse a una tasa que podría llegar al 15% anual

El ministro de Economía Martín Guzmán parece que se resignó a emitir deuda en dólares a una tasa literalmente astronómica, que- según las condiciones de la operación- podría llegar al 15% anual, en un mundo donde las tasas tienden a cero y los países vecinos se endeudan al 3% anual, punto más, punto menos.

Se trataría, para el caso argentino, de una tasa similar a la que se pagó en 2009 por una emisión del Boden 2015, que fue a parar enteramente a manos del gobierno de Venezuela, gracias a los aceitados contactos ideológicos, pero sobre todo financieros, que existían entre los ex presidentes Néstor Kirchner y Hugo Chávez.

Si bien la que se viene es una emisión relativamente chica, se hará a una tasa que duplica la tasa promedio que se registró entre 2016 y 2018, antes de que se cerraran para Argentina los mercados de capitales. Justamente la tasa que se pagó durante el gobierno de Cambiemos fue uno de los puntos que criticó Martín Guzmán de la gestión anterior. Ahora, está dispuesto a pagar el doble, o más.

Una clausula que podría bajarle el costo a la operación: el Gobierno venderá sus bonos en dólares tomando como referencia, como piso, el valor del dólar contado con liquidación. De modo que estará recibiendo más del doble de pesos que si lo hiciera al cambio oficial. De hecho, empiezan a circular supuestos donde indican que el tipo de cambio implícito en la operación podría llegar a los $ 190 pesos, 15% por encima del cierre del lunes. Si los inversores que entren a la licitación aceptan esas condiciones, entonces sí la tasa real de emisión rondaría el 11/12%. 

En el comunicado del lunes, Economía señala que «esta operación contribuirá a disminuir las necesidades de financiamiento neto en los períodos 2020/2021″.

La tasa del 15% no es caprichosa. Es lo que rinden hoy los títulos en dólares emitidos en el canje de deuda. Según el informe diario que realiza el Instituto Argentino del Mercado de Capitales (IAMC) estos bonos están rindiendo a ese nivel, algunos incluso cerca del 16%. El día siguiente al canje habían arrancado en 11%. Desde entonces, los precios se desplomaron y las tasas subieron. De hecho hay pocos antecedentes de papeles de deuda emitidos en un canje que se hayan destrozado al poco tiempo de ser emitidos, como es el caso Argentino.

En ese contexto, este lunes, el ministerio de Economía anunció que en noviembre se realizará una colocación de bonos por US$ 750 millones. La operación fue diseñada para darle salida a inversores extranjeros que hoy tienen en sus manos papeles del Tesoro, pero en pesos. Estos inversores -también los hay argentinos, desde ya- están presionando sobre el contado con liqui para huir del peso. Tan fuertes son esos deseos de desprenderse de activos en moneda local que están dispuestos a pagar cada dólar un 115% más que lo que vale el tipo de cambio oficial mayorista: $165 contra $78.

Para que esa presión no se haga aún más intolerable, el ministro Martín Guzmán resolvió salir con el bono en dólares, a pesar de la tasa que deberá convalidar. El plan original de Guzmán era realizar tres emisiones por US$ 500 millones cada una, inmediatamente después de cerrado el canje. Se proyectaba una tasa mucho menor, porque se trabajó -y el mercado pensaba parecido- que tras el canje la tasa de riesgo país argentino debía empezar a bajar. Ocurrió lo contrario.

Por eso esta emisión podrá ser un alivio temporal, porque la verdad es que hay muchos pesos tratando de pasarse a dólares. Más de los $ 123.000 millones que podrían absorberse con esta emisión. Un detalle de estas operación: no se hace respetando la ley de administración financiera, que exige cumplir con dos de tres requisitos: mejorar plazo, bajar tasa o bajar monto del endeudamiento.

Quienes compran estos bonos estarán llevando papeles que cotizan en promedio a 40 dólares cada lámina de US$ 100. El problema es que el cupón promedio está cerca del 3%. Claramente, el negocio sería que subieran de precio, para realizar una ganancia de capital. El riesgo es que estos inversores salgan a vender los bonos ni bien los tengan en sus manos. Es lo que hizo Chávez en su momento y lo que hizo también Repsol, cuando recibió bonos Bonar 24 en dólares como pago por la parte de YPF que le expropió el Gobierno de Cristina Kirchner.

El Gobierno está convencido de que el contado con liqui es un mercado que se mueve por la presión de los hedge funds extranjeros que quedaron atrapados en inversiones en pesos, de la época en que traían divisa, la cambiaban por pesos y apostaban al carry trade, tentados por la estabilidad del dólar y las tasas positivas en pesos. Como el CCL es hoy un mercado con poca liquidez, se produce el efecto puerta 12.

Los funcionarios le pusieron un número a ese problema; 7.000 millones de dólares. En el mercado creen que son menos, pero no bajan de los 4.000 o 5.000 millones de dólares.

Los que conocen el mercado señalan que la presión sobre el CCL es de cualquier tipo de inversor, más allá de su nacionalidad o domicilio. Así de simple. En ese sentido sintonizan igual que los que pugnan por comprar dólar ahorro, dólar MEP o blue.

En definitiva, la solución no pasa por enfriar el dólar diseñando una puerta de salida para ciertos inversores. Tal vez el mercado esté esperando un plan económico creíble. Lo pidió, sin ir más lejos, la jefa del FMI, Kristalina Georgieva, amiga de este gobierno, según la caracterización que hace de ella el presidente Alberto Fernández.

Fuente: Clarín

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