Lo público, lo privado, lo íntimo y lo publicado, por Milagros Cuello Olmos

Una cuestión que pocos tomamos en cuenta es hasta donde llega lo que publicamos en las redes y como eso me puede afectar.

El tema de la casi separación y engaño virtual de Icardi nos muestra como en algunas ocasiones la necesidad de mostrar lo que estoy viviendo agranda las situaciones y nos pone en boca de gente que lo toma para divertirse, pero que ni le importa, ni puede o quiere ayudarme.

  ¿Cuántas veces vemos publicaciones demasiado intimas exponiendo al que las sube a un juicio, quizás erróneo por parte de los que miran? Muchísimas. La necesidad de mostrarse y ser considerado no es nueva, las redes sociales son una tentación para sentirme contemplado, quizás más entendido por “mis amigos virtuales” que por los que viven conmigo y “no me ven”, al menos no como esos seguidores que siguen mis penas y alegrías continuas. Pongo a los amigos virtuales entre comillas, no todos los que nos ponen me gusta nos conocen y/o entienden que queremos publicar.

  La pandemia agrando el tiempo en red y la necesidad de comunicarnos, algunos más que otros, hacen un reallity de su día a día, hora a hora. A veces solo escriben, otras suman fotos de su casa y su devenir. Hoy Wanda es el ejemplo, una mujer despechada, acostumbrada a exponer su vida para generar notas, sin importarle sus hijos en este caso. Porque todos somos libres de subir lo que se nos antoje, pero que pasa si eso afecta a terceros que no quieren estar expuestos, que no merecen estar en boca de todos y hasta ser el centro de bromas de mal gusto, ¿se acuerdan cuando habían agarrado de chiste jurar por Dalma y Yanina?…

   Cada vez más las campañas de concientización sobre identidad digital, peligros cibernéticos (ciber bullying, grooming, Sexting, hackeo de datos, ciber estafas, etc) nos hablan de las secuelas y consecuencias que puede traer el subir demasiadas cosas, o no poner atención a lo que subimos, y para esto no importa la edad. TikTok es una de las plataformas con mayor exposición, yo no sé dónde termine lo que subo o que modificaciones puedan hacerle, por eso mismo no es lugar para que los niños suban videos.

  Paula Sibila, escribe sobre la necesidad de exponerme en las redes y conseguir aprobación constante para mantener mi autoestima alta, de las consecuencias psicológicas y de cómo nos puede acarrear problemas muy graves el no medir lo que hago, digo o subo, solo por llamar la atención. No hace falta ir muy lejos, todos sabemos de capturas de pantalla que se viralizan, videos y mentiras que se publican sin medir las consecuencias, o completamente conscientes del daño que pueden ocasionar.

   Estar en red implica saber que lo que subo ya no es mío, no puedo controlar las capturas, descargas o comentarios. La vieja división que nos mantenía a resguardo en el interior de nuestras casas, se vulnera con las fotos que subo, que la privacidad se pierde con cada comentario del ámbito privado que expongo, y que todo eso no tiene vuelta atrás.

   En la próxima columna hablaremos de nuestra responsabilidad en superar los obstáculos.

Por Milagros Cuello Olmos

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